Admito que si bien siempre me gustó ser una mujer con curvas, no siempre amé el tamaño de las mismas.
No siempre amé su tamaño porque nos enseñan a perseguir una perfección impuesta, muchas de las veces incluso artificial. Todo esto ¿en pos de qué? ¿Recibir aceptación? ¿Amor? ¿Trabajo, dinero, fama? ¿Qué tiene que ver nuestro cuerpo con nuestra capacidad y nuestro valor como personas? Es tan ridículo darse cuenta que una ha sido victima de este engaño por tantos años… pero también es muy liberador.
Hay dos cosas claves que entender: somos seres bellamente imperfectos y la perfección como tal ni siquiera existe.
Si perseguís “encajar” para complacer, vas a perderte a tí y a tu felicidad en el proceso. Si perseguís quererte y complacerte a vos misma vas a olvidarte de encajar,… te va a dejar de importar. Vas a dejar de intentar atraer, porque uno atrae a su tribu con su propio vibrar.
El proceso de deconstruir esa mentalidad tan arraigada brinda una sensación de libertad y amor propio tan plena, que debería ser nuestra anhelada “perfección”, esta deconstrucción te muestra la perfección oculta.
Ese debería ser nuestro mensaje. Afirmar tu amor propio hasta la libertad, hasta la seguridad plena, hasta que la aprobación del otro sea un plus, pero innecesaria para tu felicidad.
Ese debería ser nuestra búsqueda y nuestra enseñanza.
Decirlo puede ser fácil, hacerlo no siempre lo es. Las presiones en las que vivimos varían y las experiencias acumuladas muchas veces alimentan las heridas causadas a nuestro amor propio.
Se puede. El camino es hacia adentro y el secreto es volcarse todo el amor a una misma.
Se trata de habitar el cuerpo. En todos sus rincones y con tooodas sus curvas. Entrenarlo no porque lo ODIÁS sino porque lo AMÁS. Me han dicho como algo malo que tengo cuerpo de “guitarra o contrabajo” y contesto que yo estoy feliz de hacer música con él (metáfora literal).
La madurez llega con el amor propio, seguridad y aceptación de todo lo que nos hace SER.
“Vos nunca vas a ser modelo” me dijo alguien una vez y yo pensé: yo no soy modelo, soy cantante y actriz. Para ser modelo la gente se prepara, también se sacrifica, y la verdad no es mi área. No soy lo que esa persona admite como “modelo” no, pero sí soy un modelo de persona, un modelo de mujer. Existo en este mundo como tantos otros modelos de persona no considerados “modelos”.
No dejó de sorprenderme el estereotipo arraigado de esa persona, que sin ánimos de ofender, hizo esa acotación como un hecho inquebrantable.
Amarse y amar lo que uno hace es lo más valiente y admirable, uno no debería pretender hacer nada por seguir estereotipos de quienes no logran tampoco ser fieles a sí mismos. Porque cuando uno se ama y se siente bello, entiende que la belleza en todos los demás es eso mismo, y está tan alejada de tantos “estereotipos”. La mirada cambia, promovamos cambiar la mirada.
Che…, no soy modelo, no, pero estoy para compartir esta idea a la gente: “sean su modelo a seguir, y hagan lo que quieran”.
Así, sonriendo y perfectamente imperfecta, te digo: “hacelo por vos”.
Si vos no te limitás, nadie lo hará y es parte de lo increíble de esta vida.
“Si no te gusta la realidad en la que vivís, tenés derecho a rebelarte.”
Seamos el cambio que queremos ver en el mundo.
Ser “uno más” de cosas que necesitan mejorar ya no suma. (¿?)
Ser “uno más” de las cosas que necesitan mejorar, ya no suma (tal vez esta es la idea)
Por suerte tenemos el potencial de cambiar, mejorar, crecer y evolucionar.
Y vos, con lo que hacés ¿qué podrías aportar para crear un mundo nuevo?
Encontrá tu amor y valor en eso… y a la cajita prendela fuego.